
Luego de mucho esperar, se dio lo que deseaba: realizar un nuevo raid por Bolivia, pero esta vez fui solo.
El 27 de julio de 2000 cumplí 44 años y al día siguiente, a las 13:30, con mi bicicleta Penélope a punto, volaba en Lloyd Aéreo Boliviano, rumbo a Santa Cruz de la Sierra. Trataron a Penélope de lo peor. Llegué a destino y me encontré con un paro cívico (huelga) que, retrasó la partida hacia el norte.
Recién pude hacerlo dos días después, cuando tomé la decisión de ir desde Santa Cruz de la Sierra hasta Trinidad para aclimatarme.
Trinidad dista 562km de Santa Cruz de la Sierra y fue el lugar elegido para el comienzo de este raid. El primer día llegue hasta Pailón, a 55km de Santa Cruz, y pasé por el río Guapay, que tiene un puente ferroviario de unos 1.700 metros que se cruza en un único sentido por vez. Detrás de mí, había una caravana de alrededor de 25 vehículos. Los conductores fueron muy amables, nadie usó la bocina. Pailón es un pueblito de 3.000 habitantes donde conocí a Pedro Muiño, un uruguayo ex futbolista que actualmente maneja una parrilla.
Al día siguiente, 30 de julio, salí a las 7:30, atravesando una zona agrícola ganadera. La mayoría de los agricultores eran menonitas, gente muy agradable. Se cultiva girasol, maíz, soja, trigo, sorgo, etc. Uno de ellos me invitó a su casa, algo poco usual comparado con otras comunidades.
Luego, seguí mi viaje rumbo a San Ramón por un camino llano. Antes de llegar a la ciudad está el río San Ramón, donde aproveché para darme un baño: el agua estaba helada. En
la ciudad se divide el camino, uno va hacia el Beni y el otro hacia San José de Chiquitos. Es un lugar muy comercial con un paisaje serrano, muchas subidas y bajadas y, por suerte, clima templado.
Continué hacia Guarayos, por un camino muy malo de ripio con subidas pronunciadas. Esta zona, hasta San Borja, fue de dominio jesuita con sus principales centros en San José de Chiquitos, Loreto y Concepción.
En Guarayos hay una igl
esia, réplica modernizada de las jesuitas, que tiene la puerta tallada con distintos pasajes de la Biblia, pero, curiosamente, en idioma guaraní. Los guarayos y otras comunidades aborígenes tienen ascendencia tupi-guaraní: son personas de facciones agradables, piel cobriza y estatura baja.
El 1º de agosto partí de Guarayos a las 7:00 por un camino asfaltado y, por suerte, llano. Toda esta región hasta cerro Chico es pantanosa y de selva baja. En cerro Chico fui testigo de la voladura de un peñasco con dinamita para despejar el camino que estaban asfaltando. No presenciaba esto desde la época en que trabajaba en una mina en Chile.
Hasta San Pablo el camino aún estaba sin asfaltar, fueron 45km muy malos. Hubo zonas en que, por la tierra suelta, se hacía imposible pedalear. Llegué a San Pablo irreconocible: Penélope y yo cubiertos por la tierra que levantaban los vehículos. De esta forma me despedía de Santa Cruz. San Pablo es un pueblo chico, parada obligada de los ómnibus que van desde Trinidad a Santa Cruz. El río San Pablo divide los departamentos de Santa Cruz y del Beni.
El 2 de agosto partí hacia Trinidad, los primeros 40 Km fueron de ripio, luego asfalto. Circulé por una zona de grandes esteros y lagunas, vi yacarés, carpinchos y cigüeñas jaribu. Cuando llegué a Trinidad di por terminado el período de aclimatación y entrenamiento.

Al día siguiente, quise tomar mate y no encontré el termo, regalo de mi madre, lo había dejado en San Pablo, por lo tanto me tomé un taxi para buscarlo: 30 dólares ida y vuelta.
Trinidad, capital del departamento del Beni, tiene 80.000 habitantes y sería una ciudad más agradable si no fuera por su sistema de alcantarillado para aguas servidas, cunetas de ladrillo, a cielo abierto.
El 5 de agosto salí rumbo a San Ignacio de Moxos y llegué a Puerto Almacén sobre el río Ibares, lugar que no ha cambiado mucho desde mi viaje en 1997. Cuando llegué a puerto Varador, sobre el río Mamoré, mi asombro fue increíble ya que el cauce principal está seco; me comentaron que un ingeniero taponó una laguna y el agua se desvió al brazo principal. De allí pasé a puerto Ganadero y al curiosamente llamado puerto los Puentes: en toda la zona no hay puentes, los ríos se cruzan en pontones (balsas).

Esta región está poblada de cañaverales y montes bajos hasta llegar al río Tijamuchi. A partir de ahí comencé a ver en cada charco yacarés y carpinchos. Es una zona principalmente ganadera con camino transitable.
La temperatura no superaba los 37ºC y aproveché a parar en una zona selvática a comer. Me di cuenta de que tenía la rueda trasera pinchada; ya tenia la rueda afuera, cuando comencé a escuchar una especie de rugidos y aullidos, que provenían de la selva. La cubierta no quería entrar en la llanta y yo escuchaba los los gritos animales cada vez mas cerca, por lo tanto saqué de la funda el machete y el cuchillo... preparé hasta el tenedor. Al fin logré poner la cubierta y me quedé más tranquilo al ver que era una familia de monos: no escuchaba gritos y peleas de monos hacía más de 25 años, así es que el susto me lo llevé igual. Luego, los monos me acompañaron durante un tramo por la selva como suelen hacer los hurones.

Llegue a San Ignacio de Moxos, sin novedad. Por la noche, con la participación de casi todo el pueblo se realizó la fiesta de la Tea: la gente se disfraza y algunos con trajes típicos de la zona.
Al día siguiente, 6 de agosto, día de la Independencia de Bolivia, presencié el desfile cívico-militar. Me asombró la cantidad de niños y adolescentes. Cuando consulté sobre el tema, me enteré que una familia tipo no tiene menos de 5 hijos.
En esta ciudad hay una iglesia jesuita, que data de 1768; su cura párroco era español y fue muy agradable hablar con él.
El 7 de agosto, partí hacia San Borja: los primeros 50km son buenos, pero los 93km restantes, de terror.Este tramo fue muy duro, muchos pozos, arenales y ningún poblado, así que por primera vez consumí Power Bar. Esta zona es el centro de las llanuras de Moxos.
Desde ahí, partí hacia Yucumo, donde conocí a Oscar Paz, en la tranca de la embocada. Me invitó a tomar chive con chancaca (harina de yuca y miel de caña solidificada, con a
gua), muy rico y vigorizante, y a comer chorizos secados al sol.
Llegué a Yucumo sin novedad; desde ahí ya se ven las montañas de la cordillera Real.
Pasé por el puente sobre el río Yucumo, donde había acampado con Abo en mi viaje anterior y sigue afincada allí la colonia de murciélagos. Acampé en la tranca que es un control del ganado y de la madera que sale del Beni. Allí conocí al Negro Arteaga y a Eduardo Ferreira Carmona, de Gualeguaychú, Entre Ríos, ingeniero industrial, buscador de oro, cazador y maderero, que vive en Bolivia hace 23 años y ha estado en gran parte de Sudamérica, trabajando para la Texaco. Conoce Bolivia de p
unta a punta y me invitó a ir a Toregua, una reserva en el parque nacional Madidi, del cual es uno de los socios. En la tranca me pidieron que hiciera un asado al estilo argentino, a lo cual no me negué. La carne no era muy buena pero salió bastante bien.
El 11 de agosto partí hacia Rurrenabaque: el camino fue bueno los primeros 50km, pero empeoró llegando a la ciudad. En esta zona hay varias comunidades Chimanes. Estos aborígenes son depredadores, matan cuanto animal se le cruza (monos marimondas, manechis, cerdos, etc.); parte lo usan para su propio consumo y el resto lo venden por la calle.

Los Chimanes de la zona de Rurrenabaque pescan con redes y espineles; tienen canoas con conservadoras a nafta y congelan el pescado para luego llevarlo al Altiplano. Los que están en el río Undumo pescan con barbasco, savia de un árbol, que tiran al agua y deja ciegos a los peces que entonces flotan; así lo único que tienen que hacer es sacarlos del agua, aunque también lo hacen con dinamita.
A las 19:00 del mismo día llegué a Rurrenabaque. Esta ciudad se ha convertido en un centro turístico importante. Todo comenzó después de que un israelí escribió un libro sobre sus aventuras en la selva del Tuichi: el hombre se perdió con otro amigo y uno de ellos fue rescatado cuando ya lo daban por muerto. Lamentablemente, el otro murió, lo encontró un lugareño con un guía Tacana. Un día apareció un israelí y dijo que quería conocer al hombre que salvó a un judío, le agradeció su gesto y le dio un sobre con 100.000 dólares. He aquí que este lugareño ya tenía la may
oría de las agencias de turismo de aventura de la zona; hoy hay una veintena y ya pueden imaginarse de quienes son.
El “turismo de aventura” está preparado para norteamericanos: los llevan a ver un par de carpinchos, unos yacarés y, en la selva, unos cuantos monos, tucanes y hormigas, esto por 40 dólares por día. Los gringos contentos.
A pesar del dinero que circula, Rurrenabaque sigue siendo una ciudad bastante sucia.
El 14 de agosto pasé a San Buenaventura y continué mi raid rumbo a Tumupasa, en el departamento d
e La Paz. El camino era bastante malo, pero el paisaje, majestuoso: a un lado los cerros con mucha vegetación, al otro lado, la llanura con selva, no muy alta. Me acompañó el canto de los pájaros, el grito de los monos y otros animales, y, por suerte, no escuché rugidos.
La experiencia es grandiosa. Aunque hay que estar atento, pues hay jaguares, panteras y tigrillos, aunque estos últimos no son peligrosos. Como había un arroyo cada 500 metros, los Shimano no me los saqué. En el río Tumupasa me di un baño excelente cuando me caí en medio de la corriente.
Llegue a Tumupasa a las 17:30 y estaba buscando alojamiento, cuando se me acercó una persona a preguntarme si traía libros. Sorprendido le pregunté por qué creía que yo traía libros
y me contestó que, puesto que yo traía una remera con la inscripción “Atalaya”, pensó que yo era un testigo de Jehová… La saqué de su error, explicándole que ese era el nombre de un de las mejores bicicleterías de Buenos Aires.
A partir de este incidente, comprendí el porqué de que, en algunos lugares, la gente se hubiera apartado y me hubiese mirado de reojo. Hasta la fecha en que realicé mi raid, fui el único que hizo el tramo San Buenaventura-Ixiamas en bicicleta.
Tumupasa tiene para mí un valor especial por el hecho de que por aquí anduvo, en 1911, P. H. Fawcett, mi mentor. P. H. Fawcett fue uno de los mejores exploradores del Amazonas. No solo era explorador, sino también cartógrafo y topógrafo. Fue quien trazó los límites entre Perú y Bolivia y entre Bolivia y Brasil entre 1906 y 1914. Con su libro A través de la selva amazónica, me inspiré en estos viajes. Él se perdió en la selva del Xingu en 1925.
El 14 de agosto me levanté muy temprano para contemplar la salida del sol sobre la selva del Beni. La fauna de esta zona es muy abundante. Hay curichis, sicuris (de las grandes), caimanes, tapires, jaguares y pumas. El peligro real no está en los animales grandes, sino en los pequeños. Abundan la malaria y la leshmaniasis.
Enfilé hacia Ixiamas, un lugar mítico de Bolivia, y cuando faltaban 30km para llegar, pinché la rueda traser
a, pero la arreglé y aproveché la parada para almorzar y darme un baño en una piscina natural formada por el río.
Cuando no había hecho más de un kilómetro, se me salió la rueda trasera, no la había ajustado bien. Corté la varilla del cierre rápido, así es que la até con alambre de fardo y seguí despacio, a no más de 15km/h. Entré en Ixiamas a las 19:00 y para celebrar compre un lata de cerveza Paseña, compartí con Penélope y el resto me la tomé...
De todos los caminos que he recorrido en Chile, Argentina y Uruguay, este fue el peor de todos no solo por los 110 arroyos y ríos que hay que cruzar, sino por las piedras y el ripio.
Ixiamas es un lugar muy interesante: hay colonias de menonitas, rusos, checos, polacos, alemanes, italianos, brasileños y norteamericanos.

La mayoría trabajaba en el campo, en la tala de árboles, salvo un alemán que conocí, Jens, que se dedicaba a la cría de gallos de riña y también de serpientes, una persona bastante particular.
Un dato histórico es que en esta zona viven los descendientes de Sundance Kid, amigo y socio de Butch Cassidy. Cuentan que Sundance se cambio el apellido por el de Harbit y luego por Howart. Este pistolero trabajó con Fawcett en la exploración de la zona de Pando y de La Paz, Fawcett cuenta que este hombre era infalible con el revólver. Harbit murió en 1952, a los 90 años y manco por pescar con dinamita. Actualmente viven una hija y un hijo de él.
También viven en esta zona, los descendientes de Bruno Racua, un héroe boliviano, de la guerra del acre contra los invasores brasileños.
Me alojé en “Los Gauchitos”, cuyo nombre se debe a que los hijos del propietario nacieron en Tupungato, Mendoza. La comida y la atención fueron muy buenas.

El 16 de agosto, con Penélope libre de carga, tomé por el camino que va a San Antonio, en la cordillera del Tigre. Hice unos 20km hasta el río Sata Ariapo; no continué por considerarlo peligroso, pues abundan los animales grandes y también hay leshmaniasis o espundia (una especie de lepra).
El 19 de agosto preparé mi regreso a Rurrenabaque; lo hice en una 4x4, acompañado por don Alejandro Sanjines (secretario de la alcaldía de Ixiamas) y Don Néstor Badani, ambos grandes conocedores de la zona.
Volví al mismo hotel, El Paraíso, donde dejé parte del equipaje, documentos y dinero. La atención en el hotel, muy buena.
Dos días después partí hacia
Riberalta en ómnibus, por la empresa La Yungueña, de la zona, la mejor. Llegué a las dos de la mañana. Deje a Penélope y las alforjas en las oficinas de la empresa y deambulé por la ciudad hasta las 6:30. Dormí un rato en la plaza, el problema fue ir al baño ya que hay muy pocos baldíos.
Partí hacia Cobija a las 9:45 y la llegada fue a las 20:45. La ciudad ha crecido mucho desde la última vez que estuve, pero casi no queda selva en las proximidades. Los hoteles de Cobija siguen siendo caros y malos.
El 23 de agosto partí hacia Porvenir, a 38km de Cobija. En la plaza de aquel lugar, entre palmeras y castañas de cajú hay un monumento a Nicolás Suárez y a Bruno Racua. Este último hizo volar el polvorín de Bahía (hoy ciudad de Cobija) de los brasileños con una flecha encendida desde una distancia de 200 metros, ocasión en la que se produjeron unas 60 bajas. De todos modos, los brasileños se quedaron con toda la región del acre, previo pago de 2.500.000 de libras esterlinas oro, una ganga que Brasil recuperó en solo 2 años extrayendo caucho. Los brasileños han causado daños irreparables en el Amazonas, Matto Grosso y el Sertao.
Al día siguiente seguí mi ruta hacia puerto Rico. El camino es bueno, de tierra colorada, con muchas subidas y bajadas, la selva es alta, con muchos animales; en este trayecto hay pocos poblados, pero el agua no es problema, pues los arroyos y los manantiales son frecuentes. Este tramo fue el que más me gustó de toda la travesía.
Llegué a puerto Pobre y crucé a puerto Rico, ambos lugares están sobre el río Orthon, famoso por las pirañas, candirues y las sicuris. Me alojé en un “residencial”, donde las paredes divisorias de las habitaciones eran de madera y la parte del frente, cerrada solamente a dos metros del piso. Por supuesto dormí con mosquitero, por miedo a los murciélagos hematófagos; la tarifa fue de $2.
Al día siguiente, partí de puerto Rico rumbo al Sena; el camino es bueno, con algunas baj
adas. La peor que he visto, la llamada “del sacrificio”, tendría unos 500m, pero parece la bajada de una montaña rusa. En la parte baja había un arroyito donde unos chicos estaban lavando ropa. Tome un merecido baño y después de eso encaré la subida: era una cuestión de honor.
Seguí hacia el puerto Madre de Dios, sobre el río del mismo nombre, llegue a las 15:00 y allí conocí a Don Presi Méndez, dueño de la mitad del poblado y de los pontones, quien me invitó a
comer y quedarme en su casa.
Con su sobrino Daniel, fuimos en un deslizador por el Madre de Dios y luego por el Manurimi, hasta donde tienen jaulas con paiches (pirarucu), enormes peces depredadores. Los venden vivos a Brasil: los llevan en camiones volcadores con agua, los que se mueren, los charquean. A las hembras con huevas las pagan 2,50 dólares por kilo y a los machos 1,50 dólares. Los brasileños han exterminado estos peces y quieren
enmendar el daño. En el campamento de los pescadores, comí por primera vez tucunare: exquisito. Aquí, en el río Madre de Dios, dicen que hay anacondas gigantescas y otros animales raros.
El 26 de agosto me despedí de esta buena gente y crucé al puerto Sena sobre el río Manuripi donde desayuné. Allí vi pieles de jaguares de unos dos metros ¡Por suerte no me los encontré vivos!
Llegué a puerto Copacabana, cruzan
do selva alta y con buen camino. Este puerto se encuentra sobre el río Beni que en este lugar tiene unos 900 metros de ancho y es muy profundo. Este río hace de límite con el departamento de Pando. Crucé a Peña Amarilla y probé chicha de yuca (mandioca). Seguí hasta el río Genesguaya y acampe en un tinglado. Me di un baño rápido en el río, pues me habían avisado que abundaban las puraqué (anguilas eléctricas) y los candirues.
Al día siguiente partí hacia
Tumichucua, y cargué agua en la noria del pueblo.
Llegué a Tumichucua a las 13:30, fui a la playita donde había estado con Abo: todo estaba muy descuidado.
Mientras tomaba un baño en la playita, me avisaron que al día siguiente, lunes, había un paro cívico, así es que rápidamente monte a Penélope y partí hacia Riberalta para retirar parte de mi equipaje. En el trayecto me acompañó Hernán, del Club de raidistas de Riberalta.
Luego me alojé en el residencial el Pauro,
“manantial”, donde ya había estado alojado en dos oportunidades, el lugar es agradable y muy limpio, la comida que prepara su dueña, Mary Dana, es excelente.
El 29 de agosto a las 6:00 me fui rumbo a Cachuela Esperanza junto a cuatro raidistas que me acompañaron hasta el kilómetro 60. Fue grato tener compañía. Los primeros 50km los hicimos en dos horas y los 46km restantes en cuatro horas y media.
En esta zona la selva es alta, realmente hermosa, pero lo lamentable es que pronto, todo esta belleza estará destruída. Ya tuve esa amarga experiencia: no es de asombrarse, a mayor tecnología más destrucción. Por eso hay que disfrutar mientras se pueda.
Llegué a Cachuela Esperanza, donde estuve dos días y luego continué hacia Guayaramerin donde culminé mi raid.
Realmente, este viaje superó mis expectativas: hice 1.800km en 17 días con un total de 107 horas de pedaleo. Fueron 38 días plenos de vivencias,
durante los cuales recibí el cariño y respeto de la gente.
Algo que me sucedió en Guayaramerín fue realmente
grato: me acerqué a un puesto
de jugos que atendía una señora; ella me ofreció uno y
al agradecerle, me contestó “No tiene por qué. Usted
lleva mi bandera en su bicicleta”. Seguimos hablando
y en un momento me dijo
algo para lo que no tuve respuesta: “Qué mal nos dejó Maradona en el mundo” y no, “qué mal ‘los’ dejó.
Llegué a mi casa el 8 de septiembre bajo una lluvia torrencial y ya pensando en un próximo raid que abarque Panamá, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica… si Dios lo permite.
El 27 de julio de 2000 cumplí 44 años y al día siguiente, a las 13:30, con mi bicicleta Penélope a punto, volaba en Lloyd Aéreo Boliviano, rumbo a Santa Cruz de la Sierra. Trataron a Penélope de lo peor. Llegué a destino y me encontré con un paro cívico (huelga) que, retrasó la partida hacia el norte.
Recién pude hacerlo dos días después, cuando tomé la decisión de ir desde Santa Cruz de la Sierra hasta Trinidad para aclimatarme.
Trinidad dista 562km de Santa Cruz de la Sierra y fue el lugar elegido para el comienzo de este raid. El primer día llegue hasta Pailón, a 55km de Santa Cruz, y pasé por el río Guapay, que tiene un puente ferroviario de unos 1.700 metros que se cruza en un único sentido por vez. Detrás de mí, había una caravana de alrededor de 25 vehículos. Los conductores fueron muy amables, nadie usó la bocina. Pailón es un pueblito de 3.000 habitantes donde conocí a Pedro Muiño, un uruguayo ex futbolista que actualmente maneja una parrilla.
Al día siguiente, 30 de julio, salí a las 7:30, atravesando una zona agrícola ganadera. La mayoría de los agricultores eran menonitas, gente muy agradable. Se cultiva girasol, maíz, soja, trigo, sorgo, etc. Uno de ellos me invitó a su casa, algo poco usual comparado con otras comunidades.
Luego, seguí mi viaje rumbo a San Ramón por un camino llano. Antes de llegar a la ciudad está el río San Ramón, donde aproveché para darme un baño: el agua estaba helada. En
la ciudad se divide el camino, uno va hacia el Beni y el otro hacia San José de Chiquitos. Es un lugar muy comercial con un paisaje serrano, muchas subidas y bajadas y, por suerte, clima templado.Continué hacia Guarayos, por un camino muy malo de ripio con subidas pronunciadas. Esta zona, hasta San Borja, fue de dominio jesuita con sus principales centros en San José de Chiquitos, Loreto y Concepción.
En Guarayos hay una igl
esia, réplica modernizada de las jesuitas, que tiene la puerta tallada con distintos pasajes de la Biblia, pero, curiosamente, en idioma guaraní. Los guarayos y otras comunidades aborígenes tienen ascendencia tupi-guaraní: son personas de facciones agradables, piel cobriza y estatura baja.El 1º de agosto partí de Guarayos a las 7:00 por un camino asfaltado y, por suerte, llano. Toda esta región hasta cerro Chico es pantanosa y de selva baja. En cerro Chico fui testigo de la voladura de un peñasco con dinamita para despejar el camino que estaban asfaltando. No presenciaba esto desde la época en que trabajaba en una mina en Chile.
Hasta San Pablo el camino aún estaba sin asfaltar, fueron 45km muy malos. Hubo zonas en que, por la tierra suelta, se hacía imposible pedalear. Llegué a San Pablo irreconocible: Penélope y yo cubiertos por la tierra que levantaban los vehículos. De esta forma me despedía de Santa Cruz. San Pablo es un pueblo chico, parada obligada de los ómnibus que van desde Trinidad a Santa Cruz. El río San Pablo divide los departamentos de Santa Cruz y del Beni.
El 2 de agosto partí hacia Trinidad, los primeros 40 Km fueron de ripio, luego asfalto. Circulé por una zona de grandes esteros y lagunas, vi yacarés, carpinchos y cigüeñas jaribu. Cuando llegué a Trinidad di por terminado el período de aclimatación y entrenamiento.

Al día siguiente, quise tomar mate y no encontré el termo, regalo de mi madre, lo había dejado en San Pablo, por lo tanto me tomé un taxi para buscarlo: 30 dólares ida y vuelta.
Trinidad, capital del departamento del Beni, tiene 80.000 habitantes y sería una ciudad más agradable si no fuera por su sistema de alcantarillado para aguas servidas, cunetas de ladrillo, a cielo abierto.
El 5 de agosto salí rumbo a San Ignacio de Moxos y llegué a Puerto Almacén sobre el río Ibares, lugar que no ha cambiado mucho desde mi viaje en 1997. Cuando llegué a puerto Varador, sobre el río Mamoré, mi asombro fue increíble ya que el cauce principal está seco; me comentaron que un ingeniero taponó una laguna y el agua se desvió al brazo principal. De allí pasé a puerto Ganadero y al curiosamente llamado puerto los Puentes: en toda la zona no hay puentes, los ríos se cruzan en pontones (balsas).
Esta región está poblada de cañaverales y montes bajos hasta llegar al río Tijamuchi. A partir de ahí comencé a ver en cada charco yacarés y carpinchos. Es una zona principalmente ganadera con camino transitable.
La temperatura no superaba los 37ºC y aproveché a parar en una zona selvática a comer. Me di cuenta de que tenía la rueda trasera pinchada; ya tenia la rueda afuera, cuando comencé a escuchar una especie de rugidos y aullidos, que provenían de la selva. La cubierta no quería entrar en la llanta y yo escuchaba los los gritos animales cada vez mas cerca, por lo tanto saqué de la funda el machete y el cuchillo... preparé hasta el tenedor. Al fin logré poner la cubierta y me quedé más tranquilo al ver que era una familia de monos: no escuchaba gritos y peleas de monos hacía más de 25 años, así es que el susto me lo llevé igual. Luego, los monos me acompañaron durante un tramo por la selva como suelen hacer los hurones.

Llegue a San Ignacio de Moxos, sin novedad. Por la noche, con la participación de casi todo el pueblo se realizó la fiesta de la Tea: la gente se disfraza y algunos con trajes típicos de la zona.
Al día siguiente, 6 de agosto, día de la Independencia de Bolivia, presencié el desfile cívico-militar. Me asombró la cantidad de niños y adolescentes. Cuando consulté sobre el tema, me enteré que una familia tipo no tiene menos de 5 hijos.
En esta ciudad hay una iglesia jesuita, que data de 1768; su cura párroco era español y fue muy agradable hablar con él.
El 7 de agosto, partí hacia San Borja: los primeros 50km son buenos, pero los 93km restantes, de terror.Este tramo fue muy duro, muchos pozos, arenales y ningún poblado, así que por primera vez consumí Power Bar. Esta zona es el centro de las llanuras de Moxos.
Desde ahí, partí hacia Yucumo, donde conocí a Oscar Paz, en la tranca de la embocada. Me invitó a tomar chive con chancaca (harina de yuca y miel de caña solidificada, con a
gua), muy rico y vigorizante, y a comer chorizos secados al sol.Llegué a Yucumo sin novedad; desde ahí ya se ven las montañas de la cordillera Real.
Pasé por el puente sobre el río Yucumo, donde había acampado con Abo en mi viaje anterior y sigue afincada allí la colonia de murciélagos. Acampé en la tranca que es un control del ganado y de la madera que sale del Beni. Allí conocí al Negro Arteaga y a Eduardo Ferreira Carmona, de Gualeguaychú, Entre Ríos, ingeniero industrial, buscador de oro, cazador y maderero, que vive en Bolivia hace 23 años y ha estado en gran parte de Sudamérica, trabajando para la Texaco. Conoce Bolivia de p
unta a punta y me invitó a ir a Toregua, una reserva en el parque nacional Madidi, del cual es uno de los socios. En la tranca me pidieron que hiciera un asado al estilo argentino, a lo cual no me negué. La carne no era muy buena pero salió bastante bien.El 11 de agosto partí hacia Rurrenabaque: el camino fue bueno los primeros 50km, pero empeoró llegando a la ciudad. En esta zona hay varias comunidades Chimanes. Estos aborígenes son depredadores, matan cuanto animal se le cruza (monos marimondas, manechis, cerdos, etc.); parte lo usan para su propio consumo y el resto lo venden por la calle.

Los Chimanes de la zona de Rurrenabaque pescan con redes y espineles; tienen canoas con conservadoras a nafta y congelan el pescado para luego llevarlo al Altiplano. Los que están en el río Undumo pescan con barbasco, savia de un árbol, que tiran al agua y deja ciegos a los peces que entonces flotan; así lo único que tienen que hacer es sacarlos del agua, aunque también lo hacen con dinamita.
A las 19:00 del mismo día llegué a Rurrenabaque. Esta ciudad se ha convertido en un centro turístico importante. Todo comenzó después de que un israelí escribió un libro sobre sus aventuras en la selva del Tuichi: el hombre se perdió con otro amigo y uno de ellos fue rescatado cuando ya lo daban por muerto. Lamentablemente, el otro murió, lo encontró un lugareño con un guía Tacana. Un día apareció un israelí y dijo que quería conocer al hombre que salvó a un judío, le agradeció su gesto y le dio un sobre con 100.000 dólares. He aquí que este lugareño ya tenía la may
oría de las agencias de turismo de aventura de la zona; hoy hay una veintena y ya pueden imaginarse de quienes son.El “turismo de aventura” está preparado para norteamericanos: los llevan a ver un par de carpinchos, unos yacarés y, en la selva, unos cuantos monos, tucanes y hormigas, esto por 40 dólares por día. Los gringos contentos.
A pesar del dinero que circula, Rurrenabaque sigue siendo una ciudad bastante sucia.
El 14 de agosto pasé a San Buenaventura y continué mi raid rumbo a Tumupasa, en el departamento d
e La Paz. El camino era bastante malo, pero el paisaje, majestuoso: a un lado los cerros con mucha vegetación, al otro lado, la llanura con selva, no muy alta. Me acompañó el canto de los pájaros, el grito de los monos y otros animales, y, por suerte, no escuché rugidos.La experiencia es grandiosa. Aunque hay que estar atento, pues hay jaguares, panteras y tigrillos, aunque estos últimos no son peligrosos. Como había un arroyo cada 500 metros, los Shimano no me los saqué. En el río Tumupasa me di un baño excelente cuando me caí en medio de la corriente.
Llegue a Tumupasa a las 17:30 y estaba buscando alojamiento, cuando se me acercó una persona a preguntarme si traía libros. Sorprendido le pregunté por qué creía que yo traía libros
y me contestó que, puesto que yo traía una remera con la inscripción “Atalaya”, pensó que yo era un testigo de Jehová… La saqué de su error, explicándole que ese era el nombre de un de las mejores bicicleterías de Buenos Aires.A partir de este incidente, comprendí el porqué de que, en algunos lugares, la gente se hubiera apartado y me hubiese mirado de reojo. Hasta la fecha en que realicé mi raid, fui el único que hizo el tramo San Buenaventura-Ixiamas en bicicleta.
Tumupasa tiene para mí un valor especial por el hecho de que por aquí anduvo, en 1911, P. H. Fawcett, mi mentor. P. H. Fawcett fue uno de los mejores exploradores del Amazonas. No solo era explorador, sino también cartógrafo y topógrafo. Fue quien trazó los límites entre Perú y Bolivia y entre Bolivia y Brasil entre 1906 y 1914. Con su libro A través de la selva amazónica, me inspiré en estos viajes. Él se perdió en la selva del Xingu en 1925.
El 14 de agosto me levanté muy temprano para contemplar la salida del sol sobre la selva del Beni. La fauna de esta zona es muy abundante. Hay curichis, sicuris (de las grandes), caimanes, tapires, jaguares y pumas. El peligro real no está en los animales grandes, sino en los pequeños. Abundan la malaria y la leshmaniasis.
Enfilé hacia Ixiamas, un lugar mítico de Bolivia, y cuando faltaban 30km para llegar, pinché la rueda traser
a, pero la arreglé y aproveché la parada para almorzar y darme un baño en una piscina natural formada por el río.Cuando no había hecho más de un kilómetro, se me salió la rueda trasera, no la había ajustado bien. Corté la varilla del cierre rápido, así es que la até con alambre de fardo y seguí despacio, a no más de 15km/h. Entré en Ixiamas a las 19:00 y para celebrar compre un lata de cerveza Paseña, compartí con Penélope y el resto me la tomé...
De todos los caminos que he recorrido en Chile, Argentina y Uruguay, este fue el peor de todos no solo por los 110 arroyos y ríos que hay que cruzar, sino por las piedras y el ripio.
Ixiamas es un lugar muy interesante: hay colonias de menonitas, rusos, checos, polacos, alemanes, italianos, brasileños y norteamericanos.

La mayoría trabajaba en el campo, en la tala de árboles, salvo un alemán que conocí, Jens, que se dedicaba a la cría de gallos de riña y también de serpientes, una persona bastante particular.
Un dato histórico es que en esta zona viven los descendientes de Sundance Kid, amigo y socio de Butch Cassidy. Cuentan que Sundance se cambio el apellido por el de Harbit y luego por Howart. Este pistolero trabajó con Fawcett en la exploración de la zona de Pando y de La Paz, Fawcett cuenta que este hombre era infalible con el revólver. Harbit murió en 1952, a los 90 años y manco por pescar con dinamita. Actualmente viven una hija y un hijo de él.
También viven en esta zona, los descendientes de Bruno Racua, un héroe boliviano, de la guerra del acre contra los invasores brasileños.
Me alojé en “Los Gauchitos”, cuyo nombre se debe a que los hijos del propietario nacieron en Tupungato, Mendoza. La comida y la atención fueron muy buenas.

El 16 de agosto, con Penélope libre de carga, tomé por el camino que va a San Antonio, en la cordillera del Tigre. Hice unos 20km hasta el río Sata Ariapo; no continué por considerarlo peligroso, pues abundan los animales grandes y también hay leshmaniasis o espundia (una especie de lepra).
El 19 de agosto preparé mi regreso a Rurrenabaque; lo hice en una 4x4, acompañado por don Alejandro Sanjines (secretario de la alcaldía de Ixiamas) y Don Néstor Badani, ambos grandes conocedores de la zona.
Volví al mismo hotel, El Paraíso, donde dejé parte del equipaje, documentos y dinero. La atención en el hotel, muy buena.
Dos días después partí hacia
Riberalta en ómnibus, por la empresa La Yungueña, de la zona, la mejor. Llegué a las dos de la mañana. Deje a Penélope y las alforjas en las oficinas de la empresa y deambulé por la ciudad hasta las 6:30. Dormí un rato en la plaza, el problema fue ir al baño ya que hay muy pocos baldíos.Partí hacia Cobija a las 9:45 y la llegada fue a las 20:45. La ciudad ha crecido mucho desde la última vez que estuve, pero casi no queda selva en las proximidades. Los hoteles de Cobija siguen siendo caros y malos.
El 23 de agosto partí hacia Porvenir, a 38km de Cobija. En la plaza de aquel lugar, entre palmeras y castañas de cajú hay un monumento a Nicolás Suárez y a Bruno Racua. Este último hizo volar el polvorín de Bahía (hoy ciudad de Cobija) de los brasileños con una flecha encendida desde una distancia de 200 metros, ocasión en la que se produjeron unas 60 bajas. De todos modos, los brasileños se quedaron con toda la región del acre, previo pago de 2.500.000 de libras esterlinas oro, una ganga que Brasil recuperó en solo 2 años extrayendo caucho. Los brasileños han causado daños irreparables en el Amazonas, Matto Grosso y el Sertao.
Al día siguiente seguí mi ruta hacia puerto Rico. El camino es bueno, de tierra colorada, con muchas subidas y bajadas, la selva es alta, con muchos animales; en este trayecto hay pocos poblados, pero el agua no es problema, pues los arroyos y los manantiales son frecuentes. Este tramo fue el que más me gustó de toda la travesía.
Llegué a puerto Pobre y crucé a puerto Rico, ambos lugares están sobre el río Orthon, famoso por las pirañas, candirues y las sicuris. Me alojé en un “residencial”, donde las paredes divisorias de las habitaciones eran de madera y la parte del frente, cerrada solamente a dos metros del piso. Por supuesto dormí con mosquitero, por miedo a los murciélagos hematófagos; la tarifa fue de $2.Al día siguiente, partí de puerto Rico rumbo al Sena; el camino es bueno, con algunas baj
adas. La peor que he visto, la llamada “del sacrificio”, tendría unos 500m, pero parece la bajada de una montaña rusa. En la parte baja había un arroyito donde unos chicos estaban lavando ropa. Tome un merecido baño y después de eso encaré la subida: era una cuestión de honor.Seguí hacia el puerto Madre de Dios, sobre el río del mismo nombre, llegue a las 15:00 y allí conocí a Don Presi Méndez, dueño de la mitad del poblado y de los pontones, quien me invitó a
comer y quedarme en su casa.Con su sobrino Daniel, fuimos en un deslizador por el Madre de Dios y luego por el Manurimi, hasta donde tienen jaulas con paiches (pirarucu), enormes peces depredadores. Los venden vivos a Brasil: los llevan en camiones volcadores con agua, los que se mueren, los charquean. A las hembras con huevas las pagan 2,50 dólares por kilo y a los machos 1,50 dólares. Los brasileños han exterminado estos peces y quieren
enmendar el daño. En el campamento de los pescadores, comí por primera vez tucunare: exquisito. Aquí, en el río Madre de Dios, dicen que hay anacondas gigantescas y otros animales raros.El 26 de agosto me despedí de esta buena gente y crucé al puerto Sena sobre el río Manuripi donde desayuné. Allí vi pieles de jaguares de unos dos metros ¡Por suerte no me los encontré vivos!
Llegué a puerto Copacabana, cruzan
do selva alta y con buen camino. Este puerto se encuentra sobre el río Beni que en este lugar tiene unos 900 metros de ancho y es muy profundo. Este río hace de límite con el departamento de Pando. Crucé a Peña Amarilla y probé chicha de yuca (mandioca). Seguí hasta el río Genesguaya y acampe en un tinglado. Me di un baño rápido en el río, pues me habían avisado que abundaban las puraqué (anguilas eléctricas) y los candirues.Al día siguiente partí hacia
Tumichucua, y cargué agua en la noria del pueblo.Llegué a Tumichucua a las 13:30, fui a la playita donde había estado con Abo: todo estaba muy descuidado.
Mientras tomaba un baño en la playita, me avisaron que al día siguiente, lunes, había un paro cívico, así es que rápidamente monte a Penélope y partí hacia Riberalta para retirar parte de mi equipaje. En el trayecto me acompañó Hernán, del Club de raidistas de Riberalta.
Luego me alojé en el residencial el Pauro,
“manantial”, donde ya había estado alojado en dos oportunidades, el lugar es agradable y muy limpio, la comida que prepara su dueña, Mary Dana, es excelente.El 29 de agosto a las 6:00 me fui rumbo a Cachuela Esperanza junto a cuatro raidistas que me acompañaron hasta el kilómetro 60. Fue grato tener compañía. Los primeros 50km los hicimos en dos horas y los 46km restantes en cuatro horas y media.
En esta zona la selva es alta, realmente hermosa, pero lo lamentable es que pronto, todo esta belleza estará destruída. Ya tuve esa amarga experiencia: no es de asombrarse, a mayor tecnología más destrucción. Por eso hay que disfrutar mientras se pueda.Llegué a Cachuela Esperanza, donde estuve dos días y luego continué hacia Guayaramerin donde culminé mi raid.
Realmente, este viaje superó mis expectativas: hice 1.800km en 17 días con un total de 107 horas de pedaleo. Fueron 38 días plenos de vivencias,
durante los cuales recibí el cariño y respeto de la gente.
Algo que me sucedió en Guayaramerín fue realmente
grato: me acerqué a un puesto
de jugos que atendía una señora; ella me ofreció uno y
al agradecerle, me contestó “No tiene por qué. Usted
lleva mi bandera en su bicicleta”. Seguimos hablando
y en un momento me dijo
algo para lo que no tuve respuesta: “Qué mal nos dejó Maradona en el mundo” y no, “qué mal ‘los’ dejó.Llegué a mi casa el 8 de septiembre bajo una lluvia torrencial y ya pensando en un próximo raid que abarque Panamá, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica… si Dios lo permite.
Exelente datos
ResponderEliminarMuy buen viaje
Espero leas esto ya q te escribo del 2018
Parece viajar en el tiempo y todo lo que cuentas me asombra
Pienso viajar por donde fuiste gracias por la informacion